23 julio 2021

Comunicación Consciente

Las Olimpiadas de Tokio ya ‘no sienten lo duro, sino lo tupido’ con obstáculos para su realización

Empresarios reconocidos del país nipón ya declararon que seguir con la justa deportiva es una ‘misión suicida’

Cuando Japón ganó la competencia para albergar los Juegos Olímpicos de 2020 tras un devastador terremoto y tsunami, el entonces primer ministro Shinzo Abe dijo que sería una tremenda oportunidad para que Tokio y Japón brillen en el centro mismo del escenario mundial”.

Elogiando a su país como uno de los más seguros del mundo, Abe prometió en 2013 que los problemas que rodeaban a la dañada planta nuclear de Fukushima se resolverían y hordas de visitantes extranjeros verían que Japón es “maravilloso”. Los planes se aceleraban para preparar nuevos casinos, taxis sin conductor y un estadio futurista para deslumbrar a los turistas.

Sin embargo, muchos de esos proyectos fracasaron mucho antes de que la pandemia obligara a Abe a posponer los Juegos el año pasado. Y ahora, solo unas semanas antes de la ceremonia de apertura reprogramada para el 23 de julio, un brote junto con uno de las campañas de vacunación más lentas en Asia ha llevado incluso a los principales líderes empresariales a pedir que se retrasen nuevamente o se eliminen por completo, lo que destaca cómo las ambiciones olímpicas de Japón se han deteriorado.

Los planes del estadio insignia y el casino se detuvieron. Un movimiento para liberar las aguas residuales de Fukushima tratadas al océano provocó indignación entre sus vecinos. Y una advertencia de viaje de EU publicada el lunes subrayó lo que había sido evidente durante meses mientras las fronteras de Japón permanecen selladas para la mayoría de todos: un evento destinado a unir al mundo se llevará a cabo en un contexto de aislamiento y miedo, con espectadores globales mirando desde su salas.

“Cuando los Juegos Olímpicos se retrasaron el año pasado, la idea era presentarlos como prueba de que el mundo ha derrotado al virus”, señaló por teléfono Katsutoshi Kawano, exjefe de las Fuerzas de Autodefensa de Japón. “Los resultados hablan por si mismos: Está muriendo gente que no tenía que hacerlo“.

Una ‘misión suicida’

Si bien las encuestas muestran que la mayoría de los ciudadanos de Japón quieren que los Juegos Olímpicos se pospongan o cancelen, hasta ahora no hay indicios de que el primer ministro Yoshihide Suga, quien asumió el poder después de que Abe renunció el año pasado, los suspenda.

El portavoz del gobierno, Katsunobu Kato, declaró el martes que Estados Unidos le dijo a Japón que su decisión no estaba relacionada con los Juegos Olímpicos y que simplemente se basaba en las tasas de infección de los 28 días anteriores.

Pero incluso seguir adelante con los Juegos en este momento, con el virus SARS-CoV-2 haciendo estragos en Japón y otras partes del mundo, podría resultar costoso, tanto para el futuro político de Suga como para los patrocinadores corporativos potenciales. Masayoshi Son, el multimillonario fundador y máximo ejecutivo de SoftBank, criticó el impulso para celebrar los Juegos Olímpicos durante el fin de semana, mientras que Hiroshi Mikitani, multimillonario fundador y director ejecutivo del minorista en línea Rakuten, los comparó con una “misión suicida”.

“Cuando se trata de los Juegos Olímpicos de Tokio, seguimos siendo testigos de una cascada de calamidades”, aseguró Jules Boykoff, profesor de la Universidad del Pacífico en Oregon que ha escrito varios libros sobre esta justa.

“Eso complica las cosas para los patrocinadores corporativos”, agregó. “Normalmente te beneficias del efecto de los Juegos y se refleja en tu marca, pero con Tokio es más complicado porque podrías estar asociado con algo que se ha vuelto enormemente impopular“.

Dado que el Comité Olímpico Internacional tiene el poder de cancelar los Juegos, una decisión que un miembro dijo que podría tomarse hasta fines de junio, Japón enfrentaría altos costos de compensación si se retirara ahora. Eso parece poco probable porque los ingresos por los derechos de transmisión son generalmente mucho más altos que la venta de entradas, y el COI y varias federaciones deportivas no recibirán ningún pago hasta que los Juegos Olímpicos realmente se lleven a cabo.

“El sustento de casi todas las federaciones internacionales son los ingresos olímpicos y el dinero de las transmisiones”, apuntó Sebastian Coe, presidente de World Athletics, el organismo rector mundial de atletismo, a CNN Sport este mes.

A medida que se extendía la pandemia, a Japón inicialmente le fue mucho mejor que a algunas naciones, dado que introdujo una serie de confinamientos ‘suaves’, a menudo localizados, que ayudaron a mantener las muertes y las infecciones muy por debajo de las vistas en Europa o EU.

Pero también aparecieron fisuras en un sistema resistente al cambio. Sin racionamiento, las tiendas se quedaron sin máscaras desechables. Algunas donaciones en efectivo para ayudar a compensar el impacto económico se retrasaron durante meses; el aprendizaje remoto no se proporcionó en las escuelas públicas; los hospitales pequeños lucharon por hacer frente incluso al número relativamente bajo de casos encontrados en Japón, y las encuestas mostraron sistemáticamente que el público veía la respuesta del gobierno como escasa y tardía.

La inquietud con el liderazgo de Japón se amplificó en febrero, cuando el ex primer ministro Yoshiro Mori renunció como jefe del Comité Organizador de Tokio 2020 después de hacer comentarios despectivos sobre las mujeres.

Decenas de participantes abandonaron el relevo de la antorcha olímpica renovado en marzo incluso cuando el gobierno levantó el estado de emergencia, solo para revertir el curso el mes siguiente. La lentitud del despliegue de las vacunas en Japón, que no logró desarrollar la suya propia, ha dejado al público enfrentando medidas drásticas intermitentes durante los próximos meses. El ministro de Economía, Yasutoshi Nishimura, pidió paciencia la semana pasada, ya que el PIB se contrajo nuevamente en el primer trimestre.

¿Los Olímpicos podrían crear una ‘super variante’ del COVID?

Las líneas directas ocupadas y los sitios web colapsados muestran que los ciudadanos de Japón están pidiendo vacunas a gritos, pero a pesar de que el país nipón tiene suministros a la mano, la administración de Suga no ha autorizado a suficientes personas para aplicar las dosis y con ello acercarse al millón de dosis diarias que prometió a principios de mayo.

Japón ha proporcionado alrededor de 10 millones de dosis en tres meses a sus 126 millones de habitantes. En comparación, Reino Unido aplicó alrededor de 24 millones de inyecciones en sus primeros tres meses, y desde entonces ha duplicado esa cifra a 60 millones, casi el equivalente a toda su población.

Los Juegos amenazan con ejercer más presión sobre un sistema sanitario extendido. La falta de requisitos de cuarentena y vacunación para los atletas y visitantes de los Juegos Olímpicos llevó a algunos expertos en salud pública a expresar su preocupación de que incluso podría convertirse en un evento de gran difusión del nuevo coronavirus. Reunir a personas de todas partes en un área podría permitir que variantes del COVID se mezclen antes de dispersarse por todo el mundo cuando regresen a casa.

Todo esto es un problema para Suga, quien dijo a los periodistas el 14 de mayo que era posible organizar unos Juegos Olímpicos seguros. Una encuesta del periódico Mainichi del 22 de mayo encontró que solo 13 por ciento tenía una opinión favorable sobre el manejo de la pandemia por parte del gobierno, mientras que una petición que pedía la cancelación de los Juegos Olímpicos ha obtenido casi 400 mil firmas.

El desplome de los índices de aprobación convierte a Suga en un ‘chivo expiatorio’ fácil si el gobernante Partido Liberal Democrático, que ha gobernado Japón desde 1955, se desempeña por debajo de las expectativas en una elección que debe celebrarse este año.

Aún con todas estas razones para cancelar los Juegos, el Gobierno de Suga todavía ve una razón para seguir adelante. Más allá del costo financiero y los compromisos políticos, el orgullo nacional de Japón también está en juego, ya que China será la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en menos de nueve meses.

Sin embargo, entre el público de Japón, el manejo del gobierno de la pandemia y el lanzamiento de vacunas está erosionando los sentimientos de patriotismo.

“Si me preguntas si mis expectativas del gobierno han cambiado, no tenía grandes expectativas para empezar, así que no hay ningún cambio”, dijo Nene Oyama, estudiante de 22 años. “Envidio a los países que están tratando de abrir un camino hacia un futuro mejor”.

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